Como evalúo vinos

Como evalúo vinos

Todos somos únicos en cuanto a la percepción aromática y esto sucede por diversos motivos. Cada uno de nosotros posee diferentes receptores gustativos y en mayor o menor medida desarrollados. A esto se le agrega una producción de saliva distinta y una exposición a diversos aromas vinculada al origen y a la educación. Un ejemplo claro sería el repertorio aromático que variará entre un coreano y un argentino, pues sus costumbres alimentarias abarcan sabores diferentes.

Basados en el hecho de que todos somos distintos en cuanto al gusto y a los sabores, cabe destacar cierta lógica en decir que calificar un vino no tendría sentido alguno. Tomemos el arte como ejemplificación de un bien sensorial. ¿Calificar un Picasso con respecto a un Rembrandt? Sería absurdo. Sin embargo un Picasso tiene un precio de mercado y un Rembrandt, otro. Hay pues, una diferencia respecto de lo que la gente está dispuesta a pagar por tal o cual obra. Un objeto raro con gran cantidad de admiradores tiene un precio, por lo tanto en cierta forma puede ser calificado. Esto va más allá de la técnica pura o de otros objetos tangibles.

¿Qué pasa con el vino? En un sentido se lo puede comparar con la pintura. ¿Por qué algunos vinos son más solicitados que otros? ¿Por qué un Petrus o un Opus One llegan a tener los precios que tienen? No sólo por la marca sino también por el hecho de que más allá del gusto particular de cada uno pareciera haber un consenso en el gusto general sobre las principales cualidades de un buen vino… El objetivo de la evaluación y de la calificación es simplemente para validar ciertos criterios comúnmente aceptados como el equilibrio, la complejidad, la persistencia aromática y la capacidad de mejorar con el tiempo. El proceso de calificación no es subjetivo ya que utiliza un método de análisis claro y explicable. Al final, cada uno tendrá sus propias elecciones gustativas.

La calificación también deberá efectuarse en perspectiva, en la medida de lo posible, el vino catado con el máximo de otros vinos y no respecto de un país específico o una región. Todos los vinos deberán ubicarse en el mismo “starting block” y la calificación no deberá sentir influencia alguna por los factores del mercado. A modo de ejemplo: vender un Merlot en Argentina es difícil ya que el mercado es poco receptivo respecto de esta cepa. Esto no debería ser motivo para subestimar este tipo de vino. Al contrario, compararemos los Merlot argentinos con el conjunto de vinos degustados pero por qué no también con los Merlot producidos en otras regiones como en la de Libournais, en Francia.

Latinawine trata de calificar los vinos de la región basándose en criterios internacionales. Para ser más precisos, nuestras referencias son europeas y sobre todo francesas. Nuestros lectores deberán tener esto en cuenta.

Después de este preámbulo un poco largo y fastidioso, tal vez el siguiente dicho resuma lo que es un buen vino: “Un buen vino es un vino que se vende bien”.

Latinawine utiliza una grilla de calificación que va de 70 a 100

Para nosotros el rango de nota entre 80 y 85 es un punto de referencia correspondiente a un vino bien hecho, sin mayores defectos y con un correcto equilibrio (página Nuestras notas).

Todos los vinos calificados por Latinawine aparecerán con las letras LW y a continuación su calificación. Por ejemplo LW85.

Caso específico de los vinos jóvenes con potencial de guarda:

En el caso en que Latinawine piense que un vino tiene un potencial de añejamiento (concierne los vinos que tienen una nota mínima de 85 o más) la nota tendrá una letra “g”. Por ejemplo, LW 85g. Tratamos este punto ya que frecuentemente nos encontramos en la región con vinos que llegan a los mercados demasiado jóvenes.

Esto se explica por dos razones: a) el consumidor latinoamericano aún integra poco la noción de guarda y; especialmente b) los imperativos económicos (economías cortoplacistas) llevan a los viticultores a quedarse con poco stock. Para los verdaderos amantes de vinos de la región, la cultura de conservar el vino en bodegas sin embargo va progresando.

A menudo nos encontramos entonces con el dilema de tener que calificar un vino demasiado joven (y por lo tanto no necesariamente agradable de beber en lo inmediato) pero con un buen potencial de guarda. Nuestra nota no irá más allá de 85 en este caso y estará acompañada de una “g” minúscula.

La notación se decidirá individualmente por el catador de Latinawine y no colectivamente